Saturday, January 17, 2026

Su Propósito - Huracán María




HURACÁN MARÍA

Cayey, Puerto Rico

Historia Verídica - Irma Nydia Torres Meléndez



Antes del Huracán - Preparativos

Para el 6 de septiembre de 2017 se anunciaba el paso inminente del Huracán Irma sobre Puerto Rico. Aunque no atravesó la Isla como fue pronosticado, causó daños y en mi vecindario estuvimos sin luz durante diez días. Ya para el día 20 se esperaba el paso de otro huracán catastrófico sobre Puerto Rico. Los reportajes en las noticias eran constantes y la exhortación era a prepararse para lo peor, por el paso inminente de un huracán categoría 4 o 5. Todos estábamos asegurando las propiedades y comprando suministros para lo que se avecinaba. Todos a la expectativa de lo que pasaría, ya que aún había hogares sin los servicios básicos por el paso del Huracán Irma 14 días antes.


Durante el Huracán - Angustia

En la medianoche para el comienzo del día 20 de septiembre de 2017 comenzamos a escuchar fuertes vientos e inmediatamente se fue la luz. La oscuridad era total. Se escuchaba el sonido de muchos objetos volando por los alrededores. Las tormenteras se movían tanto que parecía que se iban a salir volando con todo y ventanas. En la oscuridad de la noche se escuchaban los horribles ruidos causados por los fuertes vientos del huracán, además se escuchaban unos "gritos" horribles. Llegué a sentir una angustia tan fuerte que empecé a experimentar un ataque de ansiedad. Tuve que levantarme y moverme al sofá de la sala en medio de un ataque de pánico. Fueron horas de muchísima tensión y angustia, parecía que nunca iba a amanecer.

Luego de las 5:30 a.m. comenzó a aclarar lentamente y alrededor de las 7:20 de la mañana se hizo la calma y salimos al balcón del frente para observar lo ocurrido. Pero en 10 minutos comenzó a llover y comenzaron los vientos nuevamente. En ese momento los vientos venían por el otro lado de la casa y eran tan fuertes que la puerta de la cocina se abrió varias veces y mi esposo la amarró. Pero no contábamos con que el huracán traía tornados y soplaba tan fuerte que arrancó la puerta de la cocina con todo y marco. Fue increíble ver que los tornillos de 4" (tascones) fueran sacados como si fueran tachuelas. La verja que divide los terrenos se cayó. El techo de la casa se inundó debido a que los desagües se taparon y no fue hasta el sábado que se pudieron destapar.

Entre vientos y lluvia continuó el transcurso del día, pero estaba más tranquila pues había un poco de claridad y podía ver lo que pasaba para poder actuar de ser necesario. Durante la noche del jueves y madrugada del viernes continuó lloviendo y soplando el viento pero no tanto como la noche anterior, aunque habían ráfagas muy fuertes.


Después del Huracán - Desastre

El viernes nos levantamos temprano y salimos en el carro de nuestro hijo menor, ya que era pequeño y pensamos que se podría maniobrar mejor con él. Estábamos preocupados y queríamos saber cómo estaban nuestros familiares más cercanos. Desde que salimos de nuestra casa, comenzamos a ver el desastre causado por el Huracán, era un panorama desolador. Primero fuimos a la casa de mis suegros y tuvimos que dejar el auto y caminar un tramo de carretera para llegar donde ellos, ya que se había caído un árbol enorme y sólo se podía pasar a pie y con mucho cuidado pues había cables de energía eléctrica tirados en el suelo. Gracias a Dios estaban bien, aunque se les habían inundado los bajos de la casa en los que vivía su hijo menor junto a su esposa y su niña.

Muy preocupados decidimos ir a verificar la situación de mi hija, su esposo y sus niños, quienes viven más lejos y esto sí que fue una odisea. Decidimos ir por el camino acostumbrado, pero fue muy riesgoso, pasamos por lugares estrechos y por debajo de árboles y postes caídos. El panorama era desolador parecía que había caído una bomba que había destruido todo a su paso. Cuando estábamos como a cuatro minutos de llegar comenzamos a ver los autos virando de vuelta ya que no había forma de pasar. Se habían caído dos enormes postes de cemento y toda la cablería de alta tensión estaba regada por la calle. En ese punto tuvimos que virar, ya que no había forma de pasar.

Nos sentíamos frustrados y preocupados pues no sabíamos en qué condición se encontraban con dos niños pequeños (uno de 5 años y otro de 9 meses). Volver a pasar por debajo de árboles y postes caídos fue muy fuerte para mí, ya que me percaté que el radio emitía sonidos de interferencia cuando pasábamos por debajo de los postes, lo que indicaba que aún tenían electricidad. Decidimos tratar de ir por la autopista, pero tan pronto comenzamos el recorrido vimos que algunos carros venían en sentido contrario. Nos preguntamos qué pasaba, pero seguimos adelante con mucha precaución, pues estábamos decididos a llegar donde ellos.

El panorama era desolador, los árboles habían perdido su verdor y se veían partidos y quemados. Parecía como si hubiese caído una bomba causando gran destrucción. Con mucho cuidado logramos llegar a la salida de la autopista cerca de la casa de mi hija. Pero no contábamos que el tramo de carretera para llegar estaba en peores condiciones que el que recorrimos antes. En esta ocasión tuve mucho miedo al tener que pasar por debajo de un gran poste de energía eléctrica. La capota del carro casi rozaba el poste por lo bajo que estaba el poste. En ese momento yo oraba a Dios que nos protegiera y le decía a mi esposo que pasara lo más rápido que pudiera dentro de las circunstancias.

Llegamos a la casa de mi hija y gracias a Dios todos estaban bien. Sin luz, ni agua y con mucha vegetación por los árboles caídos en los alrededores. En ese momento decidimos salir para la casa de mi mamá y confieso que volví a sentir un gran temor por tener que pasar nuevamente por debajo del gran poste. En oración le supliqué a Dios que nos permitiera pasar sanos y salvos, pues temía que el poste se cayera por completo y no quería que eso sucediera mientras nosotros pasábamos. Al llegar a la entrada de la autopista estaba obstruida y en ese momento entendimos el porqué los carros iban en sentido contrario cuando nos dirigíamos hacia la casa de mi hija. Decidimos seguir los carros que entraban por la salida de la autopista y mantenernos a la derecha todo el tiempo y con mucho cuidado regresar por donde habíamos llegado.

Al salir de la autopista nos dirigimos hacia un desvío por el que podíamos llegar más rápido a la casa de mi mamá, pero no fue posible. Esta calle también estaba obstruida por árboles caídos y montañas de tierra. Mi esposo se dispuso a ayudar a unas personas que estaban tratando de despejar el área pero fue imposible pues se necesitaba maquinaria para remover los escombros.

Nuevamente nos dispusimos a buscar otra vía para llegar a la casa de mi mamá quien vivía con mi tío (dos personas de sobre 80 años). Gracias a Dios logramos llegar y lo encontramos bien. También llegó mi hermana y su esposo que estaban igual que nosotros verificando que todos estuviéramos bien. Ella estaba preocupada, ya que había pasado por mi casa y no nos había encontrado. Mis otros dos hermanos y sus familias estaban bien, gracias a Dios.

En mi comunidad los vecinos comenzaron a ayudarse unos a otros, inclusive compartíamos en familia durante las tardes. Mi esposo, mis hijos y varios vecinos se organizaron para ayudar a despejar las calles y las entradas de las casas para que las personas pudieran entrar y salir sin dificultad. Cortaron y movieron árboles caídos, ramas y escombros. Formaron una brigada de ayuda y salían diariamente a ayudar a los que lo necesitaran.

Pasamos meses de incertidumbre, había mucha necesidad en todos los pueblos de Puerto Rico. La falta de servicios básicos provocaba largas filas en supermercados, tiendas, restaurantes y gasolineras. Solo algunas emisoras de radio y televisión comenzaron a transmitir, ya que la mayoría fueron afectadas por la caída de sus torres de transmisión. No había forma de comunicarse por vía telefónica, ya que las torres de comunicación para el internet estaban en el suelo, las ATH no funcionaban, no había agua potable, ni energía eléctrica. En los supermercados comenzaron a escasear los alimentos y habían góndolas a medias o casi vacías. Los materiales de construcción en las ferreterías eran de los más buscados, ya que todas las casas necesitaban reparaciones o inclusive algunos necesitaban construir la casa completa, por lo que escaseaban y había que encargarlos y pagarlos para recibirlos en fechas futuras que podían llegar a ser meses después.

En la prensa y en las noticias de radio y televisión se reseñaba la tragedia vivida en la Isla y eran muy impresionantes las imágenes del desastre provocado por el paso del Huracán María en todos los pueblos de Puerto Rico. Las fotos y videos evidenciaron la gran fuerza de la naturaleza, de cómo los vientos destruyeron todo a su paso y las inundaciones arroparon comunidades enteras. Se presentaban historias de personas que se salvaron con la ayuda de vecinos y lo más triste, la historia de personas que perdieron la vida a consecuencia del paso del Huracán o a la falta de medios y recursos luego del paso del mismo.

En mi pueblo el Alcalde del Municipio estableció un centro de ayuda a los ciudadanos en el Estadio Pedro Montañez. Desde allí se repartía desayuno y almuerzo a todos los que asistían. Inclusive de otros pueblos cercanos llegaban hasta Cayey para poder alimentarse. Además, a través de líderes de las comunidades se les hacía llegar compras a los ciudadanos del municipio. También se estableció una oficina de FEMA para que los afectados pudieran solicitar las ayudas correspondientes.

Han pasado siete años luego del paso del Huracán María y todavía hay comunidades con casas con techos azules. El gobierno de EEUU asignó fondos federales para la reparación de diferentes áreas afectadas e inclusive destruídas, como lo son las carreteras, estructuras, puentes, salud y educación, entre otros, pero lamentablemente muy poco llega al pueblo o sea a los verdaderos afectados. A través del tiempo ha salido a la luz pública la existencia de almacenes con suministros que no se entregaron a los necesitados, dinero para ayudar a los damnificados que fue entregado al gobierno de PR y al día de hoy no se sabe quién ni cómo se utilizó. El pueblo de PR ha sufrido mucho y para empeorar en el 2019 hubo varios terremotos, en el 2020 llegó la pandemia y en el 2022 el Huracán Fiona provocó grandes inundaciones. No ha sido fácil, pero la gente de Puerto Rico es fuerte, solidaria y aún seguimos luchando, con la esperanza de salir adelante.



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