TORNADO
Enterprise, Alabama
Historia Verídica - Rosa Enid Cruz Roque
Un día aterrador
Unos días antes del 1 de marzo de 2007 escuché en las noticias que existía la posibilidad de que ese día el tiempo fuera adverso. Cuando me levanté por la mañana, no escuché nada diferente sobre el clima de lo que estaba acostumbrada a escuchar, así que tomé la decisión de enviar a mi hijo a la escuela secundaria.
Me preparé para ir a la universidad para tomar una clase de música que tenía ese día. Cuando fui a Enterprise Community College, casi todos los espacios de estacionamiento estaban vacíos. Había algunas personas en los pasillos. Fui a mi salón de clases y no había nadie allí. Vi a una persona en el pasillo y le pregunté si sabía lo que estaba pasando y me dijo que enviaron a todos los estudiantes a su casa porque se avecinaba un clima severo.
Fui al estacionamiento, llamé a mi hijo y le pregunté si quería que pasara por la escuela a recogerlo. Me dijo que la escuela estaba dejando ir a los estudiantes y que no tenía que buscarlo porque él se iba a ir en el autobús escolar, así que me fui para mi casa.
Mientras estaba en casa, entablé una conversación con mi hijo mayor sobre el clima. Estábamos afuera en el garaje, conversando animadamente, cuando de repente, él señaló hacia los árboles. "¡Mami, mira!", exclamó, dirigiendo mi atención hacia ellos. El viento empujaba los árboles de un lado a otro, las ramas de los árboles se mecían violentamente. La oscuridad reinaba en el lugar, y un sonido aterrador resonaba en el aire. Asustada le grité a mi hijo, "corre".
No teníamos sótano, así que corrimos al armario que se encuentra en el centro de la casa para buscar un refugio seguro. Ore en voz alta, pidiendo protección y esperando que la tormenta pasara rápido. La casa temblaba tan fuerte que parecía que se nos iba a caer encima en cualquier momento.
De momento todo se detuvo y hubo calma. Le dije a mi hijo, quien estaba a punto de abrir la puerta del armario, que se quedara quieto. Nuevamente comenzaron los vientos sacudiendo la casa con una fuerza inquietante.
Cuando los vientos cesaron, salimos del armario y fui a buscar la radio. Al encender la radio, escuché la noticia de que un tornado había impactado la escuela secundaria en Enterprise. Una ola de nerviosismo y preocupación me invadió, ya que mi hijo, quien es el más pequeño de la familia, asiste a esa institución educativa.
Al enterarme de la tragedia, acudí a mi vecina, cuyo esposo era maestro en la escuela secundaria. Con ansiedad y preocupación, le pregunté si tenía alguna información. Ella me confirmó la triste noticia de que algunas personas habían perdido la vida. En ese momento, sentí una mezcla de consternación y temor por mi hijo y todos los estudiantes de la escuela.
Llamé a mi esposo y le hice saber lo que había ocurrido. Desafortunadamente, no pensé con claridad y le dije a mi hijo mayor que se quedara en casa mientras yo iba a buscar a mi hijo menor. Debí llevarlo conmigo pero mi mente no estaba clara en ese momento.
Mientras conducía intentando encontrar la ruta más cercana a la escuela, encontré un oficial de policía deteniendo el tráfico. Le pregunté y me dijo que algunos estudiantes habían muerto y que tenía que regresar a mi casa porque no dejaban que nadie fuera a la escuela. Intenté llegar a la escuela tomando varias rutas pero las calles para ir a la escuela estaban cerradas. Crucé un estacionamiento y vi a mucha gente caminando. Me estacioné en el césped junto a un banco, salí del carro y comencé a caminar.
Lo que vi mientras me acercaba fue horrible. Parecía como si una bomba hubiera estallado, dejando un rastro de destrucción y caos por doquier.
Mucha gente caminaba hacia la escuela secundaria. Mientras caminaba, observaba una escena caótica: automóviles volcados, cables eléctricos esparcidos sobre el cemento y el césped, y escombros cubriendo el suelo. Tuve que moverme con cautela, asegurándome de no pisar nada peligroso.
Cuando caminaba frente a otra de las escuelas, alguien comenzó a gritar, alarmando a todos: "corran, se acerca otro tornado". Miré a mi alrededor pero no vi nada.
Mientras escuchaba los gritos de la gente advirtiendo sobre la presencia de otro tornado, la preocupación por mi hijo mayor comenzó a apoderarse de mí. Reflexioné sobre mi decisión de no llevarlo conmigo al refugio y deseé haberlo hecho. La iglesia donde se encontraban los adolescentes se hallaba relativamente cerca, por lo que decidí seguir caminando en esa dirección.
Estaba realmente desesperada por ver a mi hijo. Me dijeron que los jóvenes se encontraban en el sótano de la Iglesia Bautista y fui allí a buscar a mi hijo. En ese momento mi hijo tenía afro. Estaba dando vueltas por el sótano tratando de encontrar a mi hijo. De repente mis ojos se encontraron con los de él. Al verme, mi hijo caminó hacia mí y nos fundimos en un abrazo. Lágrimas rodaban por nuestras mejillas mientras nos abrazamos con fuerza.
Estoy eternamente agradecida a Dios por la seguridad de mi hijo, pero mi corazón me duele profundamente por las vidas inocentes, incluida la de los preciados amigos de mi hijo, que perecieron ante la devastadora fuerza del tornado. Aunque nuestro hogar no sufrió daños, la proximidad del fenómeno natural nos dejó en estado de shock y con un profundo sentimiento de vulnerabilidad.
Mientras trabajaba escribiendo el capítulo sobre la tormenta, me recordó ese día terrible. Quiero dedicar este capítulo a la gente que enfrentó el tornado en Enterprise, Alabama y a la gente que enfrentó el huracán María en Puerto Rico. Ambos eventos están muy cercanos a mi corazón.
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