HURACÁN MARÍA
Cayey, Puerto Rico
Historia Verídica - Anónimo
Antes del Huracán - Preparativos
En preparación para la situación de emergencia por el paso del huracán María, compramos artículos esenciales como agua, comida enlatada, utensilios desechables, baterías y otros suministros. Siguiendo las enseñanzas de mi mamá, lavé toda la ropa, limpié la casa y nos bañamos temprano porque estábamos conscientes de que nos quedaríamos sin agua.
Para prepararnos ante la posibilidad de no tener agua o electricidad, cocinamos y comimos temprano. También nos aseguramos de tener suficiente comida y agua disponible para varios días. Además, almacenamos agua en todos los recipientes posibles para garantizar un suministro adecuado en caso de escasez.
Durante el Huracán - La Pesadilla
A pesar del rugido de los vientos y el crujir de los árboles que se partían, nos encontrábamos en un estado de tranquilidad y confianza, pues la protección de nuestro Dios nos brindaba una sensación de seguridad.
Mi principal preocupación surgió durante una llamada telefónica con una de mis hijas que vive en Estados Unidos. En medio de la conversación, noté que el agua comenzó a entrar en la sala de mi casa. En ese momento, dije que la casa se estaba inundando, consciente de que era imposible debido a las condiciones del lugar. Lamentablemente, la llamada se cortó abruptamente, dejándome sin la posibilidad de aclarar la situación.
Se escuchó un fuerte golpe y fue que un gran árbol chocó contra la pared. Gracias a Dios el único daño que hizo fue que rompió la verja. A partir de ese momento nos quedamos incomunicados.
Después del Huracán - Desastre
Con determinación y esfuerzo, un vecino tomó la iniciativa de limpiar la carretera. Se embarcó en la tarea de cortar los árboles que bloqueaban el paso, despejando el camino y restaurando la accesibilidad para los residentes y vehículos.
Fue una pesadilla horrible sin agua, energía eléctrica, sin poder comunicarme con mis hijas y familia en Estados Unidos.
En las gasolineras más cercanas las filas eran kilométricas, largas filas por todas partes. Con los negocios cerrados y el aire dominado por olores desagradables, el entorno servía como un recordatorio persistente de la devastación causada por el huracán. Por todos los alrededores de mi casa los generadores de gasolina contaminaban el ambiente.
Pasados tres días del huracán, logré llegar a Caguas y desde un lugar elevado de la autopista, pude comunicarme con mis hijas.
Tan pronto como fue posible, mis hijas hicieron los arreglos necesarios para que mi esposo y yo nos fuéramos para Estados Unidos. Durante el vuelo, todos los pasajeros compartían sus tristes experiencias debido al huracán.
Unos residentes de edad avanzada que vivían en apartamentos altos en San Juan se enfrentaron a desafíos significativos debido a que el elevador no funcionaba. Era prácticamente imposible para ellos bajar las escaleras para cubrir sus necesidades esenciales como adquirir agua, alimentos y combustible.
Cuando abrieron los bancos y supermercados el tiempo de espera era significativo. Había que hacer filas de aproximadamente cuatro a cinco horas de duración.
Nuestra bella Isla, una vez un paraíso tropical, quedó en desastre total tras el paso del huracán María.
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