
CAPÍTULO 11 - LA TORMENTA
Michael Redson
Michael no podía sacar a Melinne de su cabeza. Estaba ayudando a su padrastro y pensando en ella. Su hermoso rostro, su abrazo, su cálido beso. La paz que sentía con ella. Quería eso otra vez. "¿Estás bien, Michael?" preguntó David. "Parece que estás en otro lugar". "Lo siento papá, solo estaba pensando". Los ojos de su padre subieron hasta sus cejas. "¿Oh sí? Pensé que te estabas durmiendo", bromeó su padrastro. "Apuesto a que sé quién es la bella y hermosa dama que cautiva tu mente". "Papá, por favor". Sonrió. "¿Es hermosa? Sí, lo es, pero ahora debemos actuar rápido y terminar de cubrir todas las ventanas antes de que la tormenta se ponga más fuerte. No más de estar soñando despierto por el momento". "Papá lo siento" se disculpó Michael. Él sabía que tenía que enfocarse en lo que estaba haciendo pero se le estaba haciendo muy difícil.
Su padrastro David era un hombre increíble. Para él era su verdadero padre. Le enseñó, lo cuidó, le proporcionó el sustento a él y a sus hermanos, los protegió, pero más que eso, los amó y les enseñó acerca de Dios. Les mostró con el ejemplo lo que era una relación real con Dios. Dios fue primero en su vida y luego su esposa e hijos antes que cualquier otra cosa. Servía en la iglesia y ayudaba a su comunidad cada vez que podía hacerlo. Michael tuvo una gran infancia, siempre se sintió seguro con su padre, tanto emocional como físicamente. Amaba a su papá.
Instalaron todas las tormenteras; aseguraron todos los muebles de la terraza y regresaron al interior de la casa. Su hermana Liz y Melinne estaban preparando la cena. "Pasarán unos minutos más antes de que terminemos", dijo Liz. "Vamos a ir a darnos una ducha y luego cenaremos", dijo su padre. Después de bañarse, todos se sentaron alrededor de la mesa, se tomaron de las manos e inclinaron la cabeza en reverencia a Dios. David oró: "Padre, te damos gracias por tu amor y misericordia. Te damos gracias por la abundancia de alimentos que siempre nos brindas. Prepara nuestros cuerpos para recibir estos alimentos. Protégenos y protege a toda persona que se encuentre en el paso de esta tormenta, en el Nombre de Jesús oramos, Amén".
Liz y Melinne prepararon bistec montreal a la parrilla con camarones ennegrecidos, arroz blanco, habichuelas, ensalada, budín de pan y tarta de queso. "¿Puedo ayudar con algo?", preguntó Michael. "Puedes servir las bebidas", le contestó Liz. El les preguntó a todos qué querían tomar y todos decidieron que querían agua. Comenzaron a comer y la comida estaba deliciosa. Todos estaban charlando y pasando un buen rato juntos como familia.
Afuera el tiempo se estaba poniendo complicado. El viento estaba ganando velocidad y haciéndose cada vez más fuerte. Estaba aullando como si el mundo fuera a acabarse. Miraron a través de la puerta y observaron que el cielo estaba inquietantemente oscuro, un velo opaco que envolvía la luz del día. Los techos de otras casas volaban. Las paredes temblaban. Era una escena aterradora y desconcertante.
"Michael, tenemos que bajar al sótano", dijo su padre. David y Liz tomaron las manos de su madre y caminaron hacia el sótano. Michael tomó la mano de Melinne y los siguió. El sótano era grande. Tenían todo lo que necesitaban para pasar la tormenta. Había mucha agua y comida. Había camas para todos ellos. Tenían linternas, velas y lámparas de aceite. No tenían que preocuparse por los suministros porque estaban preparados, pero la situación exterior era preocupante.
Se acomodaron y trataron de descansar un poco, pero era muy difícil. Michael y Melinne estaban sentados en un sofá. La luz se fue por lo que Melinne se asustó y se sentó más cerca de Michael. Se sentía tan bien tenerla tan cerca. Él la rodeó con sus brazos y ella apoyó la cabeza en su hombro. Así es como se siente el amor, pensó. ¿Por qué estoy pensando así? Realmente yo no conozco a Melinne, ¿cómo puede mi corazón decir amor?
No podían dormir. Afuera se oía mucho ruido. Los truenos eran ensordecedores. Escuchaban cómo los árboles se partían y las ramas golpeaban las ventanas. Todos estaban pensando en lo que iban a encontrar en la mañana.
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