CAPÍTULO 10 - CAMINANDO POR LA PLAYA
Michael Redson y Melinne Martin
Todos ellos estaban pasando un tiempo maravilloso, almorzando, hablando y riendo en la terraza de la casa. Después de comer, la señora Morris se sentía cansada y dijo. "Melinne, estoy muy feliz de que hayas venido a visitarme. Muchas gracias de nuevo por mis hermosas flores. Necesito descansar un poco ahora porque mi cuerpo lo pide pero por favor quédate más tiempo y hazle compañía a mis hijos. Hijo, deberías llevar a Melinne a caminar a nuestra privada y hermosa playa. A ella le va a encantar". Liz tomó la mano de su mamá y la llevó a su habitación.
Hubo silencio durante unos segundos y ella le preguntó. "Profesor Redson, ¿por qué no me dijo que la señora Morris era su madre?" "¿Volvemos a profesor?", la miró y se rió. "Lo siento Melinne, quería darte una sorpresa". Él se encogió de hombros y le preguntó. "Melinne, ¿te gustaría dar un paseo por la playa conmigo?" Ella le contestó " Sí, profesor". "Por favor, llámame Michael". Le contestó él y tomó su mano para guiarla a través de unas escaleras que los llevó hacia la playa.
Ella me dejó tomar su mano, ¡¡sí!! Mientras caminaban, él iba pensando. Qué suaves son sus manos y qué bien huele. Tiene una fragancia a vainilla, canela y un aroma a fruta que no reconozco. Me siento tan atraído por ella. Se sintió confuso. Estar cerca de ella estaba creando estragos en sus sentidos. Necesitaba claridad en su mente. En ese momento hizo una oración silenciosa. Dios si quieres que esta hermosa mujer esté conmigo, por favor guíanos. No quiero volver a involucrarme con alguien, pero al mismo tiempo quiero hacer tu voluntad. Tú conoces mi futuro y yo no. Realmente confío en Ti, mi Señor.
Había árboles a ambos lados del camino de arena blanca que conducía a la playa. "Esto es tan hermoso", dijo. Había tanta paz. Una paz que él anhelaba. Caminaron tranquilamente absorbiendo todo lo que veían. Todo lo que Dios creó para ellos. Fascinado, se olvidó de todo lo demás y se relajó. En ese momento eran Dios, la majestuosidad de la vista, Melinne y él.
Estaban mirando el hermoso océano y de repente empezó a llover y a tronar muy fuerte. Empezaron a correr de regreso pero estaba lloviendo a cántaros. De regreso a la casa se detuvieron en el pequeño cuarto para los salvavidas y entraron a refugiarse de la lluvia. Michael y Melinne estaban empapados de pies a cabeza. Había gotas de agua cayendo sobre el suelo. "Tengo algunas toallas", abrió unas gavetas y sacó algunas toallas para Melinne. Le puso una toalla sobre los hombros. Tomó una pequeña toalla y comenzó a secarle la cara suavemente y con mucha ternura.
Estaba helada y temblando, por lo que comenzó a secarse. No estaba segura si estaba temblando por la lluvia fría o por la cercanía de Michael. Él se acercó más a ella y le preguntó: "Melinne, ¿estás bien?" Estaban tan cerca, a centímetros el uno del otro. Ella no podía respirar, él provocó que su corazón se acelerara y sólo pudo contestar: "Creo que simplemente tengo frío". Sin pensarlo él la abrazó; ella no se movió y luego apoyó su cabeza en su hombro. Se sentía tan bien tenerla en sus brazos.
Ella lo miró con los ojos muy abiertos. Sus ojos se posaron en sus irresistibles labios. Sin pensarlo él inclinó su cabeza hacia la de ella y la besó. Sintió el calor en sus labios mientras ella le devolvía el beso. Dejaron de besarse para tomar un poco de aire. Cuando se detuvieron y ella lo miró, se dio cuenta de lo que había pasado. Su cuerpo se puso tenso y se alejó de él diciéndole. "Lo siento mucho; No debí permitir que esto sucediera. No lo conozco bien. ¿Está casado?"
Ella no esperó su respuesta. Abrió la puerta de la torre de salvavidas y empezó a correr hacia la casa. La lluvia seguía a cántaros y los truenos eran ensordecedores. La alcanzó en la puerta de la cerca y caminaron hacia la puerta de la casa. "Lamento mucho mis acciones. No, no estoy casado. Me siento tan atraído hacia ti que no pude contenerme". Michael abrió la puerta y la dejó entrar.
Su madre y su hermana estaban sentadas en la sala. "Me alegro de que hayan regresado. El tiempo está empeorando muy rápido". Le dijo la señora Morris. "Será mejor que me vaya antes de que se ponga peor", dijo Melinne. "Cariño, no podrás irte hoy. Escuché en las noticias que algunas de las calles para salir de nuestro vecindario ya están inundadas y las autoridades no quieren a nadie en las calles. David regresó hace unos 25 minutos y dijo que las autoridades estaban cerrando el puente para llegar a la isla exactamente cuando él estaba cruzando. La tormenta está empeorando y se esperan más inundaciones y tal vez algunos tornados".
"Tenemos algunas habitaciones de huéspedes en el segundo piso y mi hija tiene ropa nueva que no ha usado. Parece que eres del mismo tamaño que ella. La casa es bastante sólida, pero mi esposo está preparando el sótano por si acaso el clima empeora. Liz, ¿puedes llevar a Melinne a la habitación de invitados para que se cambie la ropa mojada y se sienta cómoda? Michael, ¿puedes ayudar a tu papá a preparar el sótano, reunir los muebles del exterior y asegurar todo?" "Por supuesto, mamá". Michael miró a Melinne y fue a ayudar a su padrastro.
"¿Puedes venir conmigo, Melinne?" Liz la llevó a una majestuosa habitación de invitados. La habitación era espaciosa, con una cama grande y acogedora. Tenía una mesa con dos exuberantes sillas. Los candelabros eran lujosos. La habitación estaba pintada toda de blanco con adornos dorados. Dos ventanas de vidrio desde el piso hasta el techo adornaban la hermosa y exquisita habitación, con vista al océano. "La ropa que hay en el armario y en las gavetas está intacta, es nueva. Usa lo que necesites. Parece que vas a estar aquí unos días".
Ella empezó a ponerse nerviosa. Le resultaba difícil relajarse sabiendo que tenía tantas cosas que hacer. "No puedo quedarme aquí. Debo regresar hoy. Tengo que estudiar para mis exámenes, tengo que trabajar y tengo que ir a clases el lunes." "Cariño, cerraron el pueblo. Vi las noticias y el pueblo está inundado. Están cerrando todo hasta que pase la tormenta y las calles estén limpias. No podrás ir a ninguna parte. Deberías llamar a tus familiares y amigos y hacerles saber que estás bien antes de que nos quedemos sin electricidad". Al escuchar esto, Melinne asintió con resignación, aceptando que no podía hacer nada.
Estaba angustiada pensando que se iba a retrasar en sus tareas. ¿Qué iba a hacer ella? Estaba fuera de sus manos. Por favor, ora conmigo Liz: "Padre, dame tu paz. Sé que no puedo hacer nada ahora. Confío en Ti y descansaré en tus preciosas manos".
Liz se fue a verificar que todo estuviera bien. Melinne buscó ropa y fue a darse una ducha. Después de bañarse, llamó a su padre y a sus hermanos, les explicó lo sucedido y les dijo que estaba a salvo. También llamó a su amiga Maggie, a su vecina Sarah y a su jefa y les explicó la situación. No se sentía bien al estar tan cerca de Michael durante unos días, no podía sacárselo de su mente. ¿Se estaba enamorando de él? ¡¡¡No!!! ¿A quién estaba engañando? Ella ya se había enamorado de él.

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